domingo, 19 de febrero de 2012

LAS MÁSCARAS FURTIVAS DE LOS CONTEMPORÁNEOS

En la foto: el escritor Aquilino Duque

AQUILINO DUQUE, UN MAESTRO

Hace unos días un amigo mío me reprochaba que, entre mis lecturas, parece que no tienen cabida los escritores contemporáneos. A lo que le dije:

-Eso no es así: empecé a leer a Ernst Jünger a finales de los años 80 y lo seguí leyendo hasta después de muerto; siéndole fiel hasta el día de hoy. Jünger es un contemporáneo, ¿verdad?

Pero, mi interlocutor, haciendo un regate, volvió a las andadas:

-Bueno, Jünger se murió con más de 100 años, así que no sé yo hasta qué punto puede llamársele contemporáneo. Pero, incluso concediéndote que seas lector de Jünger, ¿y de contemporáneos españoles, qué me dices? ¿Has leído a algún novelista español contemporáneo o es que desprecias tanto lo que se hace en este país? Y si me respondes, no me van a valer escritores muertos.

Le respondí, aunque previamente le puse la condición de permitirme citar a dos españoles que, aunque fallecidos, considero contemporáneos, pues vivieron mientras yo usaba eso que todos invocan y pocos usan, que se llama la "razón": Camilo José Cela y Miguel Delibes. Y, dicho eso, contesté:

-Pues, verás, autores españoles que yo haya leído: así "vivos" como me pides, puedo decirte que por más escritores que se diga por ahí que hay, yo (entre los vivos y Dios me los guarde por mucho tiempo) no considero como maestros nada más que a dos: José Jiménez Lozano y Aquilino Duque.

Mi interlocutor -que no es hombre poco leído- abrió los ojos de par en par y, diciendo que él no los conocía y nada había leído de ellos, me preguntó:

-¿Y quiénes son Jiménez Lozano y Aquilino Duque?

Le invité a buscar alguno de sus libros y leerlo. Y espero que así lo haga y reconozca que en cuestión de gustos soy, prácticamente, infalible. Sin embargo, como recientemente había leído yo una novela de Aquilino Duque, traté de hacer publicidad de la misma:

-Aquilino Duque es, para mí, un maestro. Le tengo leídos varios libros. El último que leí fue "Las máscaras furtivas". Se trata de una novela que, tal vez lo mejor que pueda decirse sobre ella (habida cuenta de las noveluchas que cunden hoy en España) es que es una novela que está escrita en nuestro tiempo (y no parece de nuestro tiempo). La novela se ambienta en una época convulsa, finales de la 2ª Guerra Mundial y los años de postguerra, con la guerra fría y todo el follón de los servicios secretos ingleses, norteamericanos, alemanes y rusos... Y españoles. La novela está tan bien articulada, los personajes tan bien esbozados y la prosa es tan castiza que, además de mantener el suspense capítulo tras capítulo, su lectura nos congracia con la literatura española. Aquilino Duque es, para mí, el ejemplo vivo de esa Sevilla señorial y ática, núcleo de humanistas (recordemos con reverencia el nombre de D. Francisco Rodríguez Marín).

Mi amigo se fue con el propósito de leerse el libro. Creo que fui lo suficientemente convincente.

Me quedé pensando que, después de todo, no le faltaba razón a mi amigo. Es cierto que leo con mayor regocijo el libro de cualquier difunto que los que escriben mis contemporáneos. Y una de las razones de mis prevenciones sobre este particular es que no quiero contagiarme de los vulgares tópicos y las consabidas tonterías guerracivilistas, pornográficas, esotéricas y demás pamplinas.

Sin embargo, Jiménez Lozano y Aquilino Duque vinieron en mi ayuda. Son los dos escritores españoles que, siendo mis contemporáneos vivos, considero maestros literarios. Lo demás que se escribe en España... Pues es mucho papel malgastado y mucha tinta desperdiciada.

La pregunta quedó en el aire: "¿Y qué es, a fin de cuentas, un contemporáneo?".

Pero para eso habría que soltarse la melena y filosofar un rato, y la verdad es que no me apetece... ¿Lo dejamos para otro día? Pues, VALE.

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